Relaciones

Al llegar al cariñoso y enigmático mundo de los afectos, me noto vulnerable, con la emoción a flor de piel. Me siento más débil o más vulnerable, quizás. Es verdad que me siento seguro, pero podríamos decir que es en todo el espacio racional y práctico de la existencia humana. Es simple de comprenderse. En mi utopía de mundo interior me gustaría no tener nada conflictivo con nadie de este mundo o de cualquier mundo. Y luego, la realidad verdadera, muestra comportamientos para todos los gustos, unos con razonable fundamento y otros sin ninguna base razonable ni racional.

El mundo humano es así. Con sus contradicciones. Aprendemos a vivir con ellas, intentando evitarlas. Situaciones que para mí son desagradables. Algunas relaciones han tenido la cualidad de hacer que me vuelva inmensamente retraído, que en materia afectiva es como decir “quieto parao”, no quiero nada, esto de los sentimientos es un mundo terrible de rollos y películas que no estoy dispuesto a compartir ni me veo preparado para vivirme esas historias. Te sientes como haciendo de pelícano en una serie de romanos o te sientes que dices ay madre mía, cuántas personas con una idea tan inhóspita y tan peregrina del amor.

No sé, yo veo que una relación tiene que estar basada y construída desde el respeto y desde la libertad. No se puede engañar a la construcción, adulterando materiales en una etapa constructiva porque después, todo el conjunto de la estructura, adolece del problema de una parte de ella.

El camino de cualquier afecto, emoción, sentimiento, sea dentro del ámbito familiar, dentro del ámbito de amigos y conocidos y compañeros o dentro del ámbito de relaciones íntimas o de pareja, los elementos básicos de construcción vienen a ser los mismos.

Y lo bueno deviene en bueno. Incluso en aquellas ocasiones en las cuales el camino cambia y varía de rumbo o trayectoria.

Mi forma de ser es que yo derribo muros y barreras, con el tiempo. A veces me puede suceder, con un amigo, o con una relación íntima, que me hago un poco difícil o inaccesible. No lo hago de malas o de chulería, sino es realmente por mi timidez interna, la que yo sé conmigo mismo.

Yo sé que, tanto en el caso de un amigo o en el caso de una relación íntima, siempre cuando pongo en marcha mi afecto hacia una persona, esto lleva consigo una gran lealtad por mi parte. Quizás me he buscado un amigo con el que estoy en desacuerdo con muchas cosas, pero mi sentido de la lealtad con ese amigo, hace que cada día destaque más sus fortalezas y minimice sus debilidades. Y así llego a un espacio de aceptación total, donde me da igual que mi amigo sea marciano, tenga las orejas azules o respire por los ojos. Me da igual si tiene cara de primate o los ojos saltones como los extraterrestres.

Perfección no podemos buscar, pero sí busco la paz, cuando es posible el encontrarla, por ejemplo la paz cuando terminas una relación. De la misma forma que no se trata de intentarlo cien veces y que las cien sean ocasiones perdidas o infructuosas, también se trata de que las terminaciones, si son comprensivas, de respeto pleno también a la libertad de la otra persona, mejor que mejor.