Páginas de la infancia
Al nacer, me compraron un tren de circunstancias, con las ruedas redondas, donde yo tenía que ir construyendo las vías y aprender a ser un buen empresario de ferrocarriles. Al tercer año de la niñez, el tren de madera y un caballo de cartón abierto por las tripas, pasaron al trastero. Mi padre, de regreso de uno de sus viajes, me traía un camión pegaso y un autocar con conductor y sin pasajeros. El tren de mis circunstancias ya no daba silbidos, de Nueva York a California, los indios tomaban el sol en Hollywood y yo aún no sabía qué era el cine, la cámara de proyección, el corral de alguien, la silla de tu casa y la pantalla gigante, con balas rebotadas de valientes pistoleros y bolsa de quicos y garbanzos fritos para matar el rato. Mi tren no pitaba en el trastero, mientras el camión nuevo transportaba alimentos e ilegales por la frontera de alguna parte. El autocar, para los pobres con posibles, aquellos que aparentan una esperanza de futuro, un empleo, unos papeles de i...