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Mostrando entradas de septiembre, 2018

A veces…

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A veces somos olas, pero olas sin recuerdo que, al fenecer en la orilla de la playa apenas existe una memoria para dirigirnos una mirada.  A veces, pero sólo a veces, los corazones se ensanchan cuando sienten la hermosa, inquietante presencia de la libertad total de volar, el valor de resistirse a las mezquindades, la lucha permanente por abrir selva en un mundo cuyo dolor sólo a unos pocos nos alcanza. A veces nacemos hombres que, llevados por un amor excesivo hacia la humanidad que nos toca vivir, no hacemos sino predicar – a veces inútilmente – para esperar mejores sentimientos de nuestros semejantes. Pero hablamos y no somos escuchados, sólo a veces, afortunadamente. A veces sólo contamos con un puñado de ideales y un puñado de pequeñas coherencias que, a duras penas, intentamos llevar a cabo. Pero son nuestras, nos pertenecen. Y ése es el único patrimonio que de verdad podremos llevarnos al instante de la propia muerte. A veces hemos luchado demasiado y con de

Mis metas

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Llegar a viejo. Agotar el tiempo de mi vida, vivirlo, aprender de él y de mí, y marcharme sin amargura, en paz, sabiendo llegada mi hora, sin dolor ni pasiones, sabiendo que apuré los vinos de mis bodegas y las oportunidades que mi tiempo fue dándome a lo largo del trayecto. Saber que, en la temporalidad de los paisajes y las estaciones, viaja la perennidad de la Inteligencia, el recuerdo a todos los instantes muertos, sabiendo que el futuro se cimienta sobre ellos. Encontrar en mi vida, en sus aprendizajes, en sus gentes, la eterna curiosidad del explorador que escribe en sus notas de viaje haber hallado un paraíso para el dolor del Hombre, el dolor de la lucha constante entre animales, tiempos y cosas por hacer avanzar la vida. La vida, nuestro tiempo de existir, a veces se me antoja como un largo sueño del que fuéramos, poco a poco, desperezándonos. Quizá todavía no haya llegado mi mediodía, y lo que yo considero niebla del alma, no sea sino el despertar de alguien

El fenómeno de la vida

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La vida es un fenómeno único, maravilloso, excelente, real, extraordinario. A la par que un proceso complejo, difícil, a veces con pruebas, retos, errores, obstáculos. La vida es maravillosa, hasta en sus mismos orígenes y cimientos. Y el fenómeno vital de vivir la vida, de convivir con la vida, es toda una poderosa y extraordinaria aventura que traspasa la piel y llega hasta los huesos. Es hermoso vivir y es hermosa la vida. Pero cuando llegamos a la práctica real de la vida, encontramos que las criaturas vivas tienen que hacérselo con su individual o particular forma de hacérselo. Miramos la naturaleza y comprobamos, en el reino animal, que todos los días existe la vida que toma nuevo tiempo y la vida que cae en las garras de los depredadores. Y vemos que unas especies son depredadoras de otras especies. Pensamos en nuestro destino como hombres o seres humanos, pero pensemos en nuestro destino, siendo la larva de una mosca, o siendo la conciencia de una flor o de un cone

Creatividad como actitud

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El camino de la creatividad es amplio y es camino cuando es camino. En mi ejemplo, la creatividad es también algo importante en mí, desde que era un niño. Y la creatividad ha ido tomando matices, fondos, detalles, caminos, madurez, que me permite aún más disfrutar de cada instante de creación o de creatividad. Las personas creativas, las personas con capacidad de crear, encuentran representación en muchos pequeños detalles de las vidas cotidianas, que son un fiel reflejo de un comportamiento creador o creativo, innovador. Es una persona creativa quien no pasa cien veces por un mismo bache o agujero y cien veces no hace nada para cubrir el agujero y evitar sus riesgos asociados. Es decir, la creatividad está fundamentalmente en la actitud con la que nos tomamos a nosotros mismos y al conjunto de la vida y nuestra acción y participación en la vida. La creatividad tiene numerosos y diferentes rasgos o rostros o representaciones. Puede ser la creatividad de una pequeña innovación