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Mostrando las entradas etiquetadas como Terrinches

Eladio Fernández Gallego

Gracias, amigo, por este libro que hoy has compartido con nosotros en la Casa de Cultura de Terrinches:    Poesías entre viñas y olivares . Gracias por estas palabras que has escrito desde la vivencia y el corazón. Una nueva criatura literaria ha nacido y yo le deseo un prometedor viaje por la imaginación, la inspiración y la lectura.    Eladio Fernández Gallego, autor del libro Poesías entre viñas y olivares ,  dice que no es poeta, que solamente escribe lo que piensa. Pero en algún sentido es impactante su pensamiento, fuera ya de la propia lectura, por el ejemplo personal de superación que transmite. Los beneficios de este último libro son destinados a Aspace Jaén , (Asociación de personas con parálisis cerebral), y a la Asociación Múevete por el Parkinson Jaén y Provincia Ya tuve la oportunidad de leer su anterior libro: Relatos y Poesías de un Terrinchoso . Y no me pasó desapercibida la sencillez con la que aborda esas imágenes recogidas en ...

El cielo de Terrinches

Cómo es el cielo de aquí. Aquí es un punto del mapa, un cruce de paralelos y meridianos. Aquí es un cielo azul, sobre una tierra roja, un acuífero (dicen que el más importante de Europa). Aquí es un término municipal, 55 kilómetros cuadrados. Aquí es un primer poblamiento allá por los tiempos de la Edad del Bronce, 4000 años atrás, el sílex, el hueso, la piedra, unas ruinas arqueológicas en proceso de excavación, Castillejo del Bonete, divisando una ruta hacia el Levante, un paso natural que cruza las sierras del sur, las Montañas Azules. Ya tenemos un cielo sobre una tierra roja, con agua en su interior, que al sur limita con montañas que azulean, al efecto óptico de la luz del sol, en las últimas horas de la tarde. Un azul, sobre tierra roja, a veces surcada por pedregales, que verdea con las hojas del olivo, que se cuentan a miles, aquí y fuera de aquí. El cielo que veo todos los días. Es el cielo del Este, por donde asoma el sol, resplandeciendo por...

El Castillejo del Bonete

Durante la segunda mitad del 2008, de junio a diciembre, tuve la oportunidad de trabajar en un campamento arqueológico, fechado en el 2000 antes de Cristo, de la Edad del Bronce. Se trata de una construcción circular, en forma de espiral, alrededor de una cueva, en un lugar de gran visibilidad de caminos, próximo a un curso de agua. Una construcción circular, de unos 30 a 40 metros de diámetro, en la que podían vivir medio centenar de personas, realizada principalmente con grandes piedras y pasadizos subterráneos. Los muros, de medio metro de espesor. Un largo pasadizo, con grandes lajas de piedra, orientado al poniente. Una construcción en la cual encontramos un poblado amurallado, invisible para el exterior, mimetizado con el paisaje, que detrás de los gruesos muros de piedra, sirve de defensa, taller, morada y almacén de alimentos. Una de las cosas interesantes que ofrece esta construcción es que hallamos docenas de parecidas construcciones, repartidas por la peníns...

Haciendo hogar

De nuevo en mi pueblo natal, reaprendiendo en la sana vida rural, donde aún cantan los gallos, transitan los vendedores ambulantes que se conocen a todo el pueblo aunque vengan de lejos. La existencia se ralentiza y los paisanos y vecinos viven sin prisa, generosos en afecto y en cariño. Está siendo intensa y fructífera la experiencia de retorno. El estropajo, la pintura, el albañil, tareas de todos los días que ponen a prueba la capacidad, las ganas de autosuperación y la resistencia de alguien que ha perdido su brazo. Reencontrarme con la existencia del día a día, transformándola en vida es una prueba atlética. Todo es nuevo y desconocido y todo se resume en echarle ganas y progresar, o estancarse y encharcarse en el “pobrecito de mí que yo no puedo”. En soledad no estaría consiguiéndolo, hubiera firmado derrota o fracaso. Sin embargo, cuando estás en pleno proyecto de convivir, formar y construir pareja y hogar, los hechos diarios toman nueva dimensión y propósito. Existe l...

El nombre de mi pueblo

Me gusta el nombre de mi pueblo, aún incluso que algún malasombra o despistado, transforma Terrinches por Berrinches. Y, con todos mis respetos hacia los despistes ajenos, en Terrinches no tenemos ningún berrinche, aunque en más de una ocasión he escuchado, creo que sin motivo sólido, que el terrinchoso es fácil a enfadarse y a entrar en controversias. Yo creo que es un tópico que desapareció ya hace muchas décadas. He escuchado también con bastante frecuencia que el topónimo Terrinches viene de Torreblanca. Y, asimismo, he visto otras tantas teorías acerca de dónde viene el nombre de mi pueblo, que ya acabo de decir, para mí es un nombre perfecto y el gentilicio de terrinchoso me parece uno de los mejores. He escuchado también a algún argentino, llamarnos terrincheros. Lo dejo a la libertad de cada cual. Después de seis meses en el Castillejo del Bonete, que me ayudó a pensar en mi pueblo y en los orígenes de mi pueblo, remontándome cuatro mil años atrás, pensé de d...

Cosas de siempre

Existen personas y oficios que nunca desaparecen de la viva memoria de los pueblos, por ejemplo, las mujeres lavando en la Juan Jordana, con un manto de sábanas blancas sobre los zarzales. O los buenos chorros de agua cayendo por la Fuente de la Higuera, el Cañico y la Plaza, cuando el agua era abundante y no faltaba. O los tiempos en que la Fuente de las Perdices servía de romería. O la turuta del hermano Chorriles que nos inforaba de qué se vendía en el mercadillo de la plaza o qué era lo que nos hacía saber el señor alcalde. Son cosas que permanecen como la buena vecindad, el valor incalculable de la bondad y las verdades que no necesitan gritar para vivir su realidad. Son cosas de ayer, pero también de hoy, de mañana y de siempre.

Hombres de campo

Soy un gran ignorante de la biología, de la geología, de cualquier ciencia del campo, de los animales, de las plantas. O soy el gran ignorante que creía ser y que, a fuerza de experiencias y otras causalidades y casualidades, he ido encontrándome con sucesivas y grandes sorpresas en el mundo natural. Lo malo de eso, de vivir sin convivir con las ciencias de la naturaleza, es que me pasa con la botánica y otras ciencias del campo como con los idiomas, que si no los practico, pierdo el ritmo y no distingo un tomillo de una aliaga, un olivo de un almendro, un pensamiento de un tulipán. De niño, me tenía por un animal de ciudad. Eso creí cuando llegué, con diez años, a un pueblo manchego, del sureste de Ciudad Real. Todos los niños sabían el latín, el griego y otras ciencias aristotélicas de todas las materias del campo. Yo no había visto un olivo en mi vida. Sí, los había visto pero de pequeño. De regreso en mi pueblo natal, con sus muchos huertos, con sus muchos kilómetros c...

En horas de siesta

Mi pueblo sigue en su sitio. Un pueblo sin ruedas. Un pueblo de tantos. España tiene más de 5000 pueblos. Éste es uno de ellos. Y no hay nada destacable que contar. Nunca hay nada destacable por contar en un día de junio como hoy, que no se ve un cristo por la calle. Los veranos por estas tierras son secarrales. No aguantan ni las moscas. Todo el mundo busca el cobijo de una sombra. Pero salgo al campo y veo vida por todas partes. Me salen mariposas al paso, de distintos colores. Veo la vida que crece, en tal o en cual árbol: la aceituna que comienza a engordar y que hace verdad el refrán que dice “si ves una aceituna por San Juan, verás cien aceitunas por navidad”. Refranes de agricultores que guardan una enseñanza sobre el medio que trabajan. La noguera junto al camino que ella sola destaca un amplio espacio de sombra, un pequeño hábitat para distintas especies, el conejo que sestea, el mirlo, el gorrión, la golondrina, la paloma torcal o paloma del campo, todos allí reunido...

Topónimo de Terrinches

Después de dos o tres años de buscar el porqué del topónimo de Terrinches, por casualidad, como el eureka de Arquímedes, tropecé que era muy simple, tan simple como la Tierra-de-Sánchez, tan sencillo, sin complicación posterior. Estaba aclarado, Terrinches proviene de Terrisánches o tierra de sancho o tierra de sánchez (hijo de sancho). La primera gran pregunta, ya tenía respuesta. Pero ahora me venían a mi mente como diez, cien, mil, un millón de preguntas, en multitud, ninguna de ellas con una respuesta satisfactoria. Pero todas ellas me preguntaban: ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Por qué un Sancho o un Sánchez da nombre al pueblo? Comencé a preguntarme. Cuándo, cómo. Empecé a tirar del hilo hace cinco años, al regresar a este pueblo manchego, que forma frontera con Andalucía, interesándome el porqué de sus gentes y de sus costumbres, el porqué de su clima, el porqué de su flora y su fauna. Tenía mucho por conocer y por aprender, pero la única forma era integrándome en la ...

Temporada de aceituna

De de la lluvia no pienso hablar. Y no hablaré. Pero me sonrío al escribir estas palabras porque recuerdo a cuatro personas alrededor de un árbol. La pendiente es inclinada, barrizosa, los olivares de mediano a gran tamaño. Unos mantones de 8×15 metros, gelatinosos. Podemos ver también que un hombre (yo mismamente) está clavado, con las botas hundidas en el barro, intentando inútilmente hacer avanzar un mantón, con aceituna. Vemos a otros dos hombres, que están haciendo intento de dejar sus herramientas, para correr a ayudarle. Vemos también a una chica que suelta su vara, para atrapar los pliegues traseros del mantón. Estamos en el paraje que se llama El Charratite, a unos 2 kilómetros, al este de Terrinches. Día de trabajo en un barrizal, fangoso, imposible, que hace que vayas cubierto de barro, de los pies a la cabeza, aceptándolo como un hecho inevitable. La tierra, anegada, cubierta, convertida en un humedal. Temporada de olivar, en El Pardo, en el Campillo, e...

Mi calle

Mi calle es un callejón deshabitado, que era antes una calle con encanto y que es hoy una calle solitaria, yo creo que también con encanto, lo que pasa es que ahora, cada dos por tres, escucho algún estruendo, por algún trozo de pared que se desploma y cae al suelo. Es la costumbre, en estos dos últimos inviernos, por los grandes aguaceros y nieves que están cayendo. Mi calle, hace treinta años, era un campo de convivencia vecinal, de muchos vecinos, que tomábamos la calle, como el patio de nuestras casas. Estaba llena de muchachos y muchachas. Era vital, viva. Hoy es una calle que habitamos tres familias. Un 70 por ciento de las casas están deshabitadas, vacías. Mi calle es un rincón que tiene historia, como la tiene el pueblo donde este rincón forma parte. El rincón de un pueblo manchego, preserrano, que es un poco como los pueblos del final de la llanura manchega y otro poco como los pueblos de la sierra que se abre, tanto hacia el Este, como hacia el Sur. La calle ...