Escribo en la medianoche
Escribir en la medianoche tiene esas sustanciales delicias de palabras, literaturas que viajan al ritmo de un teclado, a velocidad de quinientas cincuenta pulsaciones, de la mano de un hombre que, intentando desentrañar las melodías de la vida, se encontró con otros paisajes y otras formas. Quise forjar un escritor a mis dieciséis años. Y hoy escribo correos electrónicos, informes, formularios, plantillas, y algún discurso y arenga. Al cabo, debe ser que, por propia elección, ésta es la vida que quise tener. He luchado por ella –por mi propia vida-, posiblemente como un salvaje; buscando incansable la verdad, sin importarme en lo más mínimo si podría compartirla o no. En cualquier caso, encontrar la verdad era harto suficiente para justificar incluso la soledad, suponiendo que ése fuera el precio solicitado. Consideré que lo más inteligente, como dogma de fe a seguir inquebrantablemente, era encontrar la verdad y seguir sus huellas. Y hacerlo del modo más concienzudo posible, ...