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Mostrando entradas de agosto, 2011

En la cuerda floja

Ninguna persona se merece la tensión continuada de vivir en la preocupación, en la cuerda floja, de pensar qué va a ser mañana, qué va a ser dentro de unos días, qué va a ser dentro de unos meses, o en el mejor de los casos qué va a ser dentro de unos años. Semejante inseguridad manifiesta es un tormento para cualquier cerebro y no hemos venido a vivir para atormentarnos indefinidamente el cerebro, pero el mundo es así, una gran maquinaria donde poder vivir en él, y cuesta tanto, tanto sacrificio, tanta preocupación, tanta inquietud, tantas noches durmiendo mal o medio mal, tanto problema, tanta ecuación sin resolver, tantas incógnitas… No queda otra que relajarse, respirar, respirar, contar hasta diez, contar hasta veinte, hasta treinta si es necesario. Y al menos en el espacio mental, fraccionar los problemas, ayudando a verlos en su dimensión más exacta, ya que vistos en conjunto asustan y espantan por sus terribles dimensiones, pero vistos en partes o por fracciones o sepa

Mi naturaleza de ser

Cuando quiero explicar qué soy o qué quiero ser, no tengo otro remedio que echar la mirada atrás, no digo mirar mis tiempos de niño, pero sí mirar a hechos que guardan relación con el presente, que me dicen de dónde vengo, qué origen tiene el pasado más reciente de estos últimos años.  Veamos. Mi visión de mi propia vida... He sido, soy y seré. Esto me dice la visión de mi propia vida. He vivido, vivo y viviré. Esto me sigue diciendo el ver mi propia vida. Visionar mi vida es visionar el instante en el que yo tengo la llave de las decisiones de mi vida. Ese instante es ahora, el inicio de este amanecer. Es la vida de ahora la que cuenta, no la vida de ayer, tampoco la vida de mañana. Por tanto, el presente presenta su supremacía. ¿Y después? Los presentes sucesivos, el futuro del mañana que se construye con la actualidad del hoy.  El presente, lo primero. El futuro después. El pasado, en último lugar.  El pasado no se cambia, en todo caso puede cambiar nuestra

En un banco de forja

Ayer paso por la plaza del pueblo. De regreso a mi casa, en un banco de forja, bajo la sombra de un árbol, solitario, un señor debajo de un sombrero de paja, con una garrota. Me senté a su lado. No lo he hecho nunca, en los últimos años, pero ayer sentí la necesidad de sentarme a su lado, para decirle que le respeto, le admiro y considero un honor que viva en este pueblo; algo así quería yo decirle, cuando me senté, en el mismo banco que él estaba sentado. Estuve con él creo que diez a veinte minutos, poco tiempo; le dejé con los ojos emocionados y me sentí mal conmigo mismo, por haberle dicho cosas sentidas y breves, al mismo tiempo. Subí a mi casa como si me hubieran llenado el pecho igual que se inflan las ruedas de una bici. Lleno. Hoy me sucedió la misma jugada. Paso por el mismo lugar, el mismo banco, el mismo árbol, un poco antes de la hora de ayer, el mismo señor, bajo el mismo sombrero de paja, la misma garrota, la misma mirada dulce, detrás de unas gafas. Me

Grados de madurez

Creo que uno mismo no puede decirse que ha alcanzado un grado de madurez humana o de autorrealización personal; creo que en los tiempos actuales, de profundos cambios y en muy cortos periodos de tiempo, hablar de madurez en viejos o en jóvenes, carece un poco de sentido auténtico. Sin embargo, aún reconociendo la permanente inmadurez, el continuo carácter que somos aprendices de vivir y de la vida, es también verdad que las experiencias forman, hacen una arquitectura de carácter y de maneras de ver la vida, pensar y vivir. Hace años yo tenía muchas estrellitas en mi cabeza; y hoy creo que tengo las necesarias; estoy un poco más centrado o estoy un poco más vivido. No ves la vida siempre de la misma manera; el correr vital también va modificando nuestras creencias personales; va cambiando la perspectiva, como si fuéramos un observador que da un giro o una circunferencia completa alrededor de un objeto central inmóvil; el objeto es el mismo pero nosotros vamos cambiando nues