Tardes de paseo
Tardes de paseo, en Jaén que enamora. Era un cielo de estaño y plata líquida, abierto en el mineral horizonte de la geografía, del aire dibujándose por el rocío de la brisa, del campo y del agua; diremos que al final de una tarde andaluza, bañada por un océano de olivos, Jaén me enamora, muy verde y muy blanca; ahora que recuerdo, había una iglesia y un castillo, y yo, a tu lado, con timidez caminaba por aquel cielo tan alto de cumbres gallardas, de piedras tan largas, de cumbres tan altas que mi corazón parecía subir contento y tú… yo no tengo palabras, tú ibas muy guapa, deshojando pétalos y versos con la mirada.