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Mostrando las entradas etiquetadas como Poesía

Tardes de paseo

Tardes de paseo, en Jaén que enamora. Era un cielo de estaño y plata líquida, abierto en el mineral horizonte de la geografía, del aire dibujándose por el rocío de la brisa, del campo y del agua; diremos que al final de una tarde andaluza, bañada por un océano de olivos, Jaén me enamora, muy verde y muy blanca; ahora que recuerdo, había una iglesia y un castillo, y yo, a tu lado, con timidez caminaba por aquel cielo tan alto de cumbres gallardas, de piedras tan largas, de cumbres tan altas que mi corazón parecía subir contento y tú… yo no tengo palabras, tú ibas muy guapa, deshojando pétalos y versos con la mirada.

La poesía.

Me encanta la poesía. La poesía en forma de palabras. La poesía en forma de sonidos y silencios. La poesía que hacemos las criaturas humanas. Y también la poesía de una fuente, de un estanque, de las gotas de agua, del viento, de las ramas de los árboles, o de las nubes que pasan, ellas, allí, en el cielo, y nosotros aquí con los pies en la tierra. Me gusta la poesía de las palabras y me encantan los poemas de la naturaleza.

Conseguir la luna

Conseguir la Luna no pide grandes saltos, acrobacias imposibles, cohetes tripulados de última generación. Conseguir la Luna es viajar sin sofisticados trajes espaciales, poner los pies en una calle de pueblo, descubrir las estrellas del cielo en el corazón de las personas, admirar la sencillez y templanza del día a día. Conseguir la Luna es amar este paraíso terrestre, habitarnos de deseos cumplidos y pacíficas esperanzas que hoy construyen nuestras vidas en este siguiente paso. Conseguir la Luna… ya es nuestra, de todos y de nadie.

Luces de luna y plata

En el candil de una mirada, brilla la noche ilusionada, con dulces ojos y calor del alma, noche lunera que mi corazón traspasa, con flechas de amor y de luces blancas, cristal de ilusiones y sueños de plata. En el candil, su luz me llama, en el camino de la mirada.

Cosas sencillas

Me cuentan por los arroyos y caminos de los pueblos de España, las voces de gentes con alma me cuentan cosas buenas, gratas y apacibles para los oídos atentos. Me cuentan cosas sencillas, de las cosas de la vida que sonríen sin Giocondas, de esas cosas que yo entiendo fácilmente, sin cálculos aritméticos, sin andamios en los párpados, sin colorín o mucho cuento, cosas que llegan con paso de ángel y suelas nuevas, cosas que yo comprendo sin debilitar mi buena o mala cabeza, cosas sencillas que no dejan de asombrarme: los copos de nieve aterrizando sobre tejados blancos, el nacimiento de un río andaluz, las leyendas de casas con naranjo y huerto, las barandas de Despeñaperros, el mirador de los baños árabes de Jaén. Me cuentan… Me cuentan cosas sencillas, naturales como el aceite de oliva, unos dedos sin carámbanos de hielo, una sonrisa de campo, de estas sencillas, pacíficas cosas que no olvido y quedan grabadas en el balcón de mi memoria, amanecidas como un día...

La siesta

Era una tarde de verano, de estas tardes calientes y licenciosas nada estiradas, nada pretenciosas que buscas el arrimo de un árbol y corre el viento, libre y sin ningún ornamento, con suaves e invisibles meneos por el vuelo de las hojas. Era de estas tardes valientes que la ropa estorba, tardes que buscas un sentido, una luz, una sombra de pausados movimientos, placentera y perezosa sin codicias, sin deseos por las dos siguientes horas. La vida, en estos momentos despreocupados y libres, sin dolor existencial, sin grandes reformas, mudanzas y grandes obras, se compone de buscar un lugar para el botijo, apañarse el sombrero de paja, pegar los zapatos a un tronco, echarse un bostezo si el cuerpo lo pide, desatar los nudos del estómago, hacer lo que más nos gusta o aquello que no se nombra, por ejemplo derrotar a la infelicidad y a la desgana, dejar de malgastarse en la incontinencia de orinarse por las ramas, de apresar contrariedades, de caminar por la vida...

Ángeles humanos

Los ángeles acarician el suelo con sus alas, barriendo de oscuridades los malos sueños, las voluntades vencidas, los enfermos tiempos, de los que el sentir perdido, viaja en humano yerro, al prometido trance del devenir eterno del revivir sincero de nueva forja para el mejor acero que templa la vida en cuerpos guerreros. Con sus alas vencen el sueño del soberano tiempo, vencidas las mentes y vencidos los cuerpos de los que el camino encuentran maltrecho… Los ángeles acarician con sus alas El Eterno, barriendo de oscuridades los cuerpos enfermos de humana vida en humano tiempo. Son voluntades vencidas por serenos vientos que, sin moverse, siguen moviendo el sentir perdido del humano yerro. Sois ángeles de carne y de hueso que con vuestras alas vencéis el sueño, forjando minutos del mejor acero, que templa la vida en cuerpos guerreros.