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Las piedras

Por las eternas piedras de la geología, la piqueta del científico, las botas de alta montaña y peón caminero, los kilómetros de nuevos descubrimientos. Por estas piedras, cantaré salmos, alabanzas y plegarias, sin importarme si Dios me escucha. Por esas mismas piedras que, con encendido movimiento de magma, parecen estar quietas, inmóviles en su majestad geológica. Arriba, cerca del cielo, rozando las nubes, la piedra se hizo montaña, cumbre, coronada cima, vértebras y cordilleras por un esqueleto de piedra. Piedras de campo y piedras de ciudad. Nadie escribe en las secas y ardientes piedras del campo desde los tiempos de Trajano. En la desnuda piedra rural, asoma un pintarrajo de amor, con la pequeña victoria de un carmín anónimo, sin trenzas y sin nombres, escrito en la lisa corteza de la piedra. Solamente el campo de los pueblos mal iluminados deja que los enamorados escriban su amor en piedra, el nombre inmortalizado de su amante, la pizarra que conservará la t...

Échame una foto

Estaba yo por Ledesma, disfrutando de un paseo por la orilla del río. Las aguas, embebidas de azul del cielo. Échame una foto, dijo este árbol. Puse cara de transeúnte, de turista indiferente. El don de la palabra, como el brandi de la tele, es cosa de hombres, digo de mujeres y hombres. Si un árbol te habla, el psicólogo te está tomando medidas. Das un par de pasos como que ignoras. Échame una foto, con ese clic que te gastas. Voz de árbol que se ha pasado la vida, a la húmeda ribera del Tormes. No quise hacerle un feo. Hice la foto, cogiendo en el encuadre a familiares, amigos y otros parientes del árbol, de nombre desconocido porque no me lo dijo. Y yo tampoco quise preguntar.

Un paseo por el Tormes

Un estupendo paseo, hasta el parque botánico de Huerta Otea y las riberas del río Tormes. Un poco de frío, es verdad, pero sigue siendo un paseo delicioso. Me gustan estos paseos que me doy con frecuencia por la orilla del río, por uno de tantos lugares que el río es transitable por sus orillas. Lo bueno que tienen es que apenas te encuentras con nadie y que, ya dentro del parque, tienes lugares donde puramente estar solo, a solas, escuchando el sonido del agua, viendo puramente la luz o los colores de la tarde o escuchando los sonidos. Las tardes frías de invierno, en ese lugar de la orilla del río, no había un alma. Y sí, fresquito se estaba, pero deliciosamente. Un lugar solitario que para nada sentía como solitario e invernal. Estar unos minutos a solas me ayuda a sentirme bien, como recargarte por dentro. El parque no tiene nada de especial. Es un parque nuevo y los árboles son pequeños. Está a medio construir. Cuando esté del todo, será realmente bonito, pero ahora p...

Primavera en los pueblos

Desde un cuaderno, ventana abierta, sol, un gallo canta, unos patos hacen coro desde un corral, al otro lado del valle; pájaros, muchos pájaros, dándose un pequeño festín de migas de pan. La calle es un pequeño paraíso de sonidos, sol, suave brisa que entra y sale por la ventana. Tocan las campanas del pueblo, para ir a misa del domingo; cantan los pájaros; me cantan las tripas. ¿Quién dice que en los pueblos no pasan cosas y el tiempo corre despacio?. Debe ser un cuento de poetas aburridos. En los pueblos y en todas partes, todos los días y en todas horas, sobre todo después del invierno, por supuesto que pasan cosas, más o menos, pero pasan. Tienes únicamente que tener la mente despierta y los ojos abiertos para ver así las cosas que pasan. ¿Qué cosas pasan en pueblos abandonados y envejecidos?. Pues que la gente se muere a docenas, en vez de morirse de uno en uno. Y pasa que la gente pues está de puro mayor, como edificios centenarios que caen cuatro gotas de lluvia y s...