Una historia de amor

Todo lo que es auténtico, es amor.

También se da el amor entre distintas especies.

Estoy refugiado debajo de un balcón porque llueve con ansia, con abundancia. Una paloma viene volando, tropieza en los cables del teléfono, cae en un mar de agua que baja torrencialmente.

Ahí me tienes, amigo de los animales, que la cojo en mis manos al segundo intento, lloviendo a todo llover, fuerte y con ganas de más llover.

Al principio, el animal acojonado; después que mis manos le calentaban las alas mojadas para que pueda volver a volar, se ha ido calmando. Me miraba; se ha cagado dos veces, pero, bueno, ha sido por el miedo, pobrecilla. Y por último, la mar de quieta y de bien, en una sola mano; ella conmigo, qué sé yo, un total de veinte minutos hasta que ha dejado de llover. Un rato, con sus garras en mis dedos, para tranquilizarse, sintiendo el ritmo de mi sangre.

Deja de llover, la echo a volar; a la primera se ha encaramado a una higuera donde va a tener todo el alimento que necesita, y la seguridad hasta volver a volar.

El acto de amor de esa paloma en mis manos, para mí ha sido como si una mujer hermosísima me hubiera hecho el amor. Vamos, que me ha emocionado el sentir su temor dando paso a su tranquilidad confiada; su mirada, su calor, su entrega… una oportunidad tan pequeña y tan sutil de sentir lo frágil y fuerte que es cada corazón.

Todo lo que es auténtico es pleno; si ya lo es entre pájaros y personas, cuánto más entre personas y personas; resumen, una frase que me gusta: somos mejores de lo que pensamos.