En este preciso instante

Vivir mi presente de vida es como llevar todos mis momentos, reunidos en este preciso instante de ahora. Veo la cinematografía de mi vida, convertida en imágenes, pasando ahora delante de mis ojos. 

Veo el porqué de esto y el porqué de aquello, veo lo bueno y veo lo malo, veo los ciclos y las etapas, desfilando frente a mi mirada. Veo mi propia vida como la vida de otro hombre, yo mismo, que fue y dejó de ser. 

Y toda esa vida que ese hombre vivió quedó convertida en esencia, para vivirse una nueva vida, la que ahora voy a vivirme, en nada parecida a la anterior porque las circunstancias son otras, radicalmente diferentes. 

Llegados a este punto ya has superado todas las preguntas éticas, de valores humanos, de porqué algo es bueno o lo otro es malísimo. Estás en otra historia más directa, que es primero la de no morir, no morirte por la destrucción que cada naufragio ha tenido en tu persona, después es la historia de vivir, de si estás capacitado para vivir, de si tienes algo o alguna vida que vivirte. De si estás vivo aún, en pocas palabras. 

¿Estoy vivo?, te preguntas. 

Porque has sido bravo, has tenido coraje en tus venas, puedes ver que sigues vivo, con vida en tu cuerpo, con vida en tus emociones, en tus sentimientos. No te has quedado convertido en un sujeto muerto, sin emociones, sin voluntad, como un alma perdida, como los locos, mirando a la nada. Estás vivo y ya no estás luchando para no morir; ahora tu lucha se llama vida, vivir, abrirte, despertar y desarrollarte. 

Ganar la partida con la vida, estar con la vida, a favor de la vida, es la percepción de esta actualidad que me vivo ahora. Es decir sí a la vida.

Ya sé, queda muy en plan eslogan publicitario, lo reconozco. Sí a la vida, no a la muerte. Es verdad, pero sigue siendo acertado. 

Me produce una sonrisa porque justamente ese eslogan o algo parecido, durante varios años estuvo presente de forma activa, en mi vida, en el transcurso de actividad social en la frontera de España y Portugal. Sí a la vida, no a la muerte. Sí a la vida de un desarrollo integral de los pueblos, no a la muerte de un cementerio nuclear.

Bueno, pues también a lo amplio, cuando en la vida has recibido uno o varios golpes fuertes, de esos que parece que un gran camión te ha pillado, la cosa es ¿sigues en la carretera? Apártate cuanto antes. 

Si ya estás muerto, no importa. Pero si estás vivo, apártate, ponte a salvo. Ahora mírate, qué tienes roto, qué tienes destrozado, destruido, veamos ahora tu capacidad auto regenerativa. Al cabo de unos meses, te vemos caminando y apenas recuerdas que un día tropezaste contra un inmensísimo camión. 

Y ¡qué gran suerte! que has sobrevivido.