Individualismo y masa

Llevo años viendo unos cambios descomunales en las referencias humanas. Sospechosamente descomunales. Frente a cambios propios de la globalización que, en el mismo sentido que lo hace la globalización climática, toma distintas formas según el lugar exacto donde actúa, así veo todos estos años, no ya estos últimos años sino estas últimas décadas. La calidad ética de las personas no ha mejorado.

Tampoco ha mejorado la calidad ética de sus sistemas de organización y gobierno. Pero lo más sospechoso es la reacción individual que tomamos las personas, el cómo usamos el individualismo que hoy impera. Hay demasiadas personas que piensan y viven con el ¡todo vale! y oiga, no, eso de que todo vale, para nada, vale ya de tanta violencia y estupidez irracional.

Así veo los tiempos actuales. Confusos y revueltos, contradictorios. Donde o tú mismo te pones las pilas o te las ponen, pero de una marca distinta a la tuya y un voltaje distinto al tuyo.

El mundo es difícil, de acuerdo, pero el peligro, la amenaza, no está en las guerras nucleares o en los tsunamis de Indonesia. El peligro real está en el día a día de nuestras vidas cotidianas. Está en todo lo que es falso. Los falsos amigos, las falsas parejas, los falsos compañeros, los falsos vecinos, las falsas familias. Todo lo que es falso, allí está el peligro y la amenaza y también la coacción. Está en los hogares. Está en las escuelas, en los centros de trabajo, en las colas del inem, en los supermercados, está en la calle.

El peligro real es que unas personas con otras nos vemos como competidores y nos hacemos la buena cara.

Focos de impiedad, de violencia, de mórbida concepción de la vida, los encontramos mil, diez mil, un millón, pero entre esos espacios también existen otras posibilidades de vida. De hecho muchas personas realizan otras posibilidades de vida, pero siempre existe un permanente cuidado: esta raya es intocable y el violento no la atraviesa si teme a la represalia.

Y el violento solamente entiende del miedo y qué puede venir si desarrolla su violencia. Al violento solamente le interesa saber una cosa, quién es más fuerte. Si él es más fuerte, usa su violencia. Si no lo es, se hace el pacífico y no la usa. Ésta es la ley del violento.

Entrando a las inseguridades y amenazas y coacciones del mundo o de nuestra sociedad actual, inseguridades que conviven con nosotros en nuestras vidas cotidianas; lo que me deja ver la comprobación directa y también una visión “histórica” de estas tres últimas décadas, es una progresiva degradación del espacio individual que vivimos. Es más grave de lo que se está escribiendo en los medios de comunicación.

¿Qué diríamos de un barco que tiene una vía de agua en la proa?. Diríamos que es de extrema gravedad. La proa tiene una gran grieta por la que el agua constantemente entra en la embarcación, impidiendo y neutralizando su movimiento, su dinámica de evolución, frenando un verdadero progreso integral de las personas.

Cuando el agua entra a un barco solamente hay dos formas de sacarla, o abrimos otro agujero por el que se vaya, o achicamos.

¿Quién achica agua?

Achican agua las clases desfavorecidas, los países pobres, la base social, el pueblo como masa, como número, como vida que viene y vida que se va formando parte de un censo o quizás ni eso, sin estar ni censados. Y esto es un nuevo agujero, una nueva vía de agua, en la popa del barco humano, en la base, en las vidas censadas, el número de vidas que dan los padrones municipales que parece que son los que dan la vida, junto a los números del DNI, aunque de poco vale todo esto porque los números y los padrones no son quienes dan la vida sino que la vida solamente la da la propia vida.