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Barrios virtuales

Querido Facebook, amigo inseparable de horas perdidas, juguete tecnológico, salud y muchas castañas pilongas, que nunca te falte un satélite que pregone tus delicias. Contigo y un buzón de memorias, vivido un siglo veintiuno. Por ponerlo fácil y gratuito, en el muro cinematográfico de todos, te dedicamos unas letras. Te hablaremos desde poblados barrios por los que circula la luz, el agua corriente, las facturas de teléfono y las bolsas de plástico. Son los mismos poblados barrios de muy pobladas ciudades, con sus reglas de circular por izquierda y derecha, sin tropezarse, sin darse de bruces, por ningún carril o acera. Está permitido parar en los escaparates, en los ceda el paso y en las marquesinas de los autobuses, pero detenerse sin motivo que nos preceda, suena a cosa de locos. Entre tanta población, queda un grano fértil, de las semillas que se resisten a ser sintéticas, de pan sin molde, de yogur con sabor a limón pero sin limón. Quizás, a mitad de camino, exist...

Trapecistas del amor

Hay tantos amores como hombres y mujeres. Amores de pareja, de dos manos entrelazadas como el pañuelo al cuello, o el cinturón al vientre, o la comadreja a su madriguera, siempre juntos, siempre inseparables. Pero también hay amores de tres, de cinco, de siete. Incluso no se precisan números primos para dibujar la ciencia del amor. El amor, no sé, creo que es una cuerda floja más que una ciencia, el ejercicio de un equilibrista que hace piruetas en lo alto de la carpa de un circo. Los niños, entretanto, miran. Él sabe (el equilibrista) que su juego es un juego de vida, de superación. Que sus zapatillas pueden doblarse y caer desde lo alto, como Ícaro en su persistente viaje derretidor hacia el Sol.  Pero el equilibrista avanza por esa cuerda floja del amor, ajeno a que el hilo se rompa y el cuerpo se rompa contra el suelo. Sería entonces un esfuerzo inútil, un “nunca llegó”, si en el trapecio, en la dificultad del aire, en la doble inconsistencia de una vida resumida e...

Metas realistas

Me veo muy desordenado para el esfuerzo constante que exige una actividad literaria. Espero mejorar esta parte de mi carácter, que me distraigo demasiado pronto de mis ocupaciones. O quizás soy de fácil distracción porque soy realista y considero la vocación literaria más una problemática que un oficio. El escritor contemporáneo, yo creo que lo tiene crudo y duro de escribir. Hace unos años, muchas firmas literarias salían del periodismo, que era un oficio medio-bien pagado, en el que trabajaban maestros, historiadores y hasta bachilleres. El escritor contemporáneo es generalmente un sujeto que tiene que autoeditar sus libros y hacerse su tourné por los puntos de venta. El éxito existe, pero no está para el 100 por 100 de personas que tienen algo escrito, algo que consideran de la suficiente calidad como para ser compartido por un público. Hoy por hoy, la competencia es brutal, lo cual tiene su parte buena y su parte mala. En lo bueno, se ha popularizado el oficio de escri...

Los últimos cien años

La gente hemos y nos hemos complicado la vida, a pesar de tantos avances para hacérnosla más fácil. Yo creo que la vida era más fácil, hace 100 años. Te casabas con la mujer que habías conocido en un baile, la casa era pequeña y los muebles escasos y teníais hijos que crecían felices y un día os harían abuelos. Todo tenía un porqué, un sentido, un lenguaje de novela rosa. Porque después nada se parecía a como se había pensado y deseado. Ahora, la historia nos presenta a familias que nunca tienen lo suficiente, a personas que sienten temor, reparo, incertidumbre, alguna grave preocupación. Esto era hace cien años, cuando las personas intentaban establecer relaciones duraderas y estables, cuando sus motivos de preocupación eran más pequeños, más leves, que la mayoría de las preocupaciones actuales. Podía morirse el ganado, un temporal derribó la pared del huerto, durante dos meses la carne escaseó en la cazuela, pero padre, madre, hermanos, todos teníamos un instinto de unid...

El amigo que se fue

Para ti, amigo, que ya te has ido a dormir, tras el viaje de la vida.  Uno para cincuenta, edad de porvenir y fortuna, y  no te dejaron cumplir. Para ti, guerrero infatigable, alma viajera por infinitos mundos. Para ti, el sol sonreirá y las nubes se alejarán por un horizonte de gloria y vidas felizmente terminadas. El ocaso será mañana un nuevo amanecer para ti. No he ido a tu entierro; no tuve fuerzas, me pudieron las ganas de rezarte una oración, aquí, en silencio, con espacios en blanco, intentando comprender porqué te has ido tan pronto. Perdóname amigo, por esta rebeldía que busca comprender en este irracional sinsentido de tu muerte, que los vivos honramos con dolor y con duelo, en esta imprevisible existencia. Gloria, mucha gloria para ti, amigo, que tu alma y tu espíritu sigan teniendo largo vuelo y encuentres las doradas arenas de la paz, gramos minúsculos de Dios esparcidos por el universo de la vida y de la muerte.

Referencias de superación

Tengo una lista larga de agradecimientos que no puedo escribir en un solo día. En los últimos dos meses, no sé muy bien cómo, he hecho una barbaridad de nuevos y buenos amigos. Muchas de estas personas han sido una referencia para superarme y afrontar mejor la salida de un hospital. Hoy me gustaría dar las gracias a todos, en el extenso de la mucha humanidad que sigo viendo por este mundo. Historias reales de personas auténticas. Cuando toca vivirnos trances extraordinarios, que comprometen la vida, surge una óptica más receptiva, quizás más sensible, que nos aproxima a quienes tenemos a nuestro lado. Puede ser la simpatía por otro cuerpo que camina, arrastrando un gotero, por el pasillo de un hospital, con el último grito en camisones, pijamas y zapatillas de abuelo. Un amigo que moviliza el cuerpo dolorido para irse pronto a casa. Un día como otro cualquiera de mis navidades de hospital, por el pasillo me seguía un gotero y un hombre. Velocidad de fórmula 1, el F...

Soledad y compañía

La vida de los seres humanos, nuestras vidas, son muy distintas, pero todas tienen una serie de rasgos, grandes rasgos en común. Uno de ellos es que no vivimos solos, no convivimos solos, toda nuestra vida es un contacto permanente, positivo o regular o negativo, entre nosotros y todo el conjunto de las personas con las que interaccionamos en el transcurso de nuestra existencia. Vivir solos. Vivir la soledad. Cuál es la soledad que acompaña a cada ser humano. Qué llamamos o qué entendemos por soledad. Es un tema de fuerte calado, pero en fondo viene a significar (1) la soledad es una condición que nos acompaña al nacer y al morir, nadie nace por nosotros mismos, nadie muere por nosotros (es un sentido más filosófico que real de la vida, pues igual que podemos decir esto, también podemos decir justamente lo contrario, en el sentido de que ni estando solos estamos realmente solos o en soledad). Viene a significar también (2) que nacemos de un hombre y de una mujer y que el hecho...

Kilómetro Cero

La propia vivencia con el cáncer, en la forma de un fibrohistiocitoma maligno, me ha presentado dura batalla durante los dos últimos años, con el reciente resultado de una amputación. Frente a la pérdida de una extremidad a la altura del húmero, estoy dando los primeros pasos de encontrarme un muñón donde antes disfrutaba de un brazo y una mano. Soy novato en este nuevo mundo, tanto en el propio de vivirme esta gran aventura, como en el familiar y universal de vivir todas las amputaciones, en plural, de los 30.000 valientes, en cálculos estimados para España, que somos personas amputadas. Mi inexperiencia es total. Muchas acciones cotidianas que antes resultaban simples y fáciles, se han convertido en un ritual de supervivencia y habilidades corporales. El mundo y la vida, vistos desde un nuevo centro de gravedad y nuevos puntos de equilibrio. Cometo errores, torpezas, pero sigo apostando por la autosuperación. Me acostumbro a esta nueva versión de mí mismo que da comienzo en...

Aterrizando

Estoy todavía aterrizando, apenas a una semana de haber salido del hospital, dando mis primeros pasos por esta nueva etapa de vida. He superado una formidable batalla y me estoy reencontrando por esta nueva etapa de vida. La batalla ha sido angustiosa e interminable, con un peligroso asesino que estaba escrito en mi ADN, en mis células. Igual que sucede a los investigadores, los médicos y los afectados, también para mí el cáncer es incomprensible y por ahora indescifrable. Todas las pruebas diagnósticas que se han realizado durante mi ingreso hospitalario informan que el cáncer ha desaparecido de mi cuerpo. Lo dice la gammografía, en relación a mis huesos. Lo dice el TAC con contraste, de tórax y abdomen. Lo dicen las cuatro biopsias tomadas las 2 veces que he estado en quirófano. No puedo sino celebrar la feliz noticia, sabiendo que el fibrohistiocitoma maligno se lleva casi al 50 por ciento de las personas que escoge. Esto es la parte buena. Y la parte menos buen...

Una apuesta por la vida

En Salamanca, Hospital General de la Santísima Trinidad, 2ª planta, Pabellón San Nicolás, habitación 218. Creo que nadie vamos al hospital con el objeto de hacer amigos y ampliar nuestro círculo social. Los hospitales no son tabernas donde levantar con alegría unas jarras de cerveza, al mismo tiempo que gritamos felizmente con ese brindis que celebra un grato suceso. Los habitantes de hospital son o somos otra cosa. Este navegante fue ingresado en el hospital el pasado 22 de diciembre, 8 de la mañana. Venía con un tumor adherido a su brazo izquierdo de más de 1 kilogramo de peso, de feo y siniestro aspecto, que me había dejado la hemoglobina por los suelos, las fuerzas desaparecidas y el último recurso de una gran amputación, que se practicaría, por encima del codo, el viernes 23 de diciembre, mediodía. Hace unos días, el 23 de diciembre, me dejé el brazo izquierdo en un quirófano de Salamanca. Esto fue un viernes, al mediodía, en el Hospital General de la Santísima Trinidad...