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En la cuerda floja

Ninguna persona se merece la tensión continuada de vivir en la preocupación, en la cuerda floja, de pensar qué va a ser mañana, qué va a ser dentro de unos días, qué va a ser dentro de unos meses, o en el mejor de los casos qué va a ser dentro de unos años. Semejante inseguridad manifiesta es un tormento para cualquier cerebro y no hemos venido a vivir para atormentarnos indefinidamente el cerebro, pero el mundo es así, una gran maquinaria donde poder vivir en él, y cuesta tanto, tanto sacrificio, tanta preocupación, tanta inquietud, tantas noches durmiendo mal o medio mal, tanto problema, tanta ecuación sin resolver, tantas incógnitas… No queda otra que relajarse, respirar, respirar, contar hasta diez, contar hasta veinte, hasta treinta si es necesario. Y al menos en el espacio mental, fraccionar los problemas, ayudando a verlos en su dimensión más exacta, ya que vistos en conjunto asustan y espantan por sus terribles dimensiones, pero vistos en partes o por fracciones o sepa...

Mi naturaleza de ser

Cuando quiero explicar qué soy o qué quiero ser, no tengo otro remedio que echar la mirada atrás, no digo mirar mis tiempos de niño, pero sí mirar a hechos que guardan relación con el presente, que me dicen de dónde vengo, qué origen tiene el pasado más reciente de estos últimos años.  Veamos. Mi visión de mi propia vida... He sido, soy y seré. Esto me dice la visión de mi propia vida. He vivido, vivo y viviré. Esto me sigue diciendo el ver mi propia vida. Visionar mi vida es visionar el instante en el que yo tengo la llave de las decisiones de mi vida. Ese instante es ahora, el inicio de este amanecer. Es la vida de ahora la que cuenta, no la vida de ayer, tampoco la vida de mañana. Por tanto, el presente presenta su supremacía. ¿Y después? Los presentes sucesivos, el futuro del mañana que se construye con la actualidad del hoy.  El presente, lo primero. El futuro después. El pasado, en último lugar.  El pasado no se cambia, en todo caso puede ca...

En un banco de forja

Ayer paso por la plaza del pueblo. De regreso a mi casa, en un banco de forja, bajo la sombra de un árbol, solitario, un señor debajo de un sombrero de paja, con una garrota. Me senté a su lado. No lo he hecho nunca, en los últimos años, pero ayer sentí la necesidad de sentarme a su lado, para decirle que le respeto, le admiro y considero un honor que viva en este pueblo; algo así quería yo decirle, cuando me senté, en el mismo banco que él estaba sentado. Estuve con él creo que diez a veinte minutos, poco tiempo; le dejé con los ojos emocionados y me sentí mal conmigo mismo, por haberle dicho cosas sentidas y breves, al mismo tiempo. Subí a mi casa como si me hubieran llenado el pecho igual que se inflan las ruedas de una bici. Lleno. Hoy me sucedió la misma jugada. Paso por el mismo lugar, el mismo banco, el mismo árbol, un poco antes de la hora de ayer, el mismo señor, bajo el mismo sombrero de paja, la misma garrota, la misma mirada dulce, detrás de unas gafas. Me ...

Grados de madurez

Creo que uno mismo no puede decirse que ha alcanzado un grado de madurez humana o de autorrealización personal; creo que en los tiempos actuales, de profundos cambios y en muy cortos periodos de tiempo, hablar de madurez en viejos o en jóvenes, carece un poco de sentido auténtico. Sin embargo, aún reconociendo la permanente inmadurez, el continuo carácter que somos aprendices de vivir y de la vida, es también verdad que las experiencias forman, hacen una arquitectura de carácter y de maneras de ver la vida, pensar y vivir. Hace años yo tenía muchas estrellitas en mi cabeza; y hoy creo que tengo las necesarias; estoy un poco más centrado o estoy un poco más vivido. No ves la vida siempre de la misma manera; el correr vital también va modificando nuestras creencias personales; va cambiando la perspectiva, como si fuéramos un observador que da un giro o una circunferencia completa alrededor de un objeto central inmóvil; el objeto es el mismo pero nosotros vamos cambiando nues...

Mi relación con los animales

Me pasa con los gatos y con todo bicho viviente de cualquier especie: no soporto el sufrimiento de los animales. Me estoy acordando de un perro nuevo por el pueblo; es un caso ese perro; es un caso único. Yo echo las migas a los pájaros y va el perro y se las come; y le digo: “chaval, tú, ¿qué estás haciendo?” y te mira con una carita de intentar comprenderte, con una mirada inteligente que no sabes si te está pidiendo en adopción o es que está dejando el problema de pensar para después; una monada de perro que necesita un buen baño y desparasitarlo. El perro callejero es libre, con sus parásitos a cuestas, pero libre; amigo de otro perro blanco con pintas negras, también de su pequeño tamaño, con el que recorre las calles del pueblo; me resulta ese perro llamativo porque tiene una mirada inteligente; se le nota en la mirada que el perro está haciendo un esfuerzo por comprenderte. El otro día me dio una penita… le veo en la calle sin saber dónde ir ni de dónde venir; con u...

Soledad por quién preguntas

La verdad es que es algo bien curioso. Yo me sentía bien despierto cuando vivía en Salamanca. Había partes de mí que las tenía ciegas, sin ver; partes emocionales y por tanto emotivas. Pero me sentía despierto; comprendía todo a la primera y me sabía manejar. Era como navegar en un río que te dejas llevar por la corriente; en mí y en mi espacio de alrededor siempre estaba la convicción “esto me saldrá bien”, y fijo que sale bien, más bien incluso de lo que piensas que te va a salir. Así años y años, en Salamanca. Bien, me adormezco, me apago, como un fuego que se queda en una lucecita débil. Y venga a encender otra vez el fuego; y venga a despertarse; pero ahora me despierto porque es que o despiertas o te mueres. Y pasa tiempo y tiempo y vuelves a caminar, como si nada ha pasado. Tiempos de crisis, de tempestad, de naufragio, el náufrago en la playa; no puedo; “que se levante, don náufrago”; el siguiente día ya te levantas porque las tripas hacen cruá cruá. Y buscas unos piño...

Vitalista y reflexionista

La soledad tiene muchos inconvenientes, pero una de las cosas buenas que tiene la soledad es que te deja conocerte a ti mismo con toda realidad y realismo. Este retiro rural me ha dado mucha materia de aprendizaje, de conocerme mejor, de reflexionar en el hombre que estoy comenzando a ser. Lo cierto es que, estés donde estés, la vida ya es por sí motivo de reflexión. Aunque yo siempre fui más partícipe de reflexionar menos y de vivir más, ser más vitalista que “reflexionista”. Reflexionar, cuando haya de hacerse, pero sin perder el gusto y la voluntad por vivir, porque realmente reflexionar no tiene porqué ser lo mismo que inactividad o pasividad, o incluso que hay muchos momentos donde la cabeza tiene que estar en off, dejemos de pensar tanto. Dejemos de juzgar y valorar la realidad y simplemente vivámosla, por ejemplo para oler el viento, para oler una flor, para oler el olor a ozono que sobreviene después de una tormenta. El mundo nos entra por nuestros sentidos, vívase...

Noche de San Juan

Noche de San Juan; qué gran noche; noche mágica; recuerdos de esta noche, una hoguera, en mitad de una calle, una cafetería barroca, junto a la plaza mayor de Salamanca, un grupo de supuestos brujos y brujas, deseando suerte y amor y felicidad para todo el mundo. La noche de San Juan me hace recordar también a washington irving, en cuentos de la alhambra, muchos de ellos referidos a hechos singulares o mágicos que suceden en Granada, a propósito de esta noche. Es una buena noche para hablar de temas “mágicos” o irracionales. Yo creo que con eso que se llama magia hay que tener el mismo cuidado que podemos tener con cualquier actividad de la vida; no ser unos bandarras y unos cafres, sino actuar con un poco de sentido común, responsabilidad e inteligencia. En las sociedades primitivas, magia y vida cotidiana eran casi una misma cosa indiferenciable; todo lo que se suponía no científico, se ha desterrado de nuestra vida social. Sin embargo, en las últimas décadas ha ...

El tiempo valida el amor

El amor es una gran materia, y es así de caprichoso que te enseña como le da la gana de enseñar. No te das cuenta del amor, hasta que llega; cómo llega; llega como le da la gana de llegar, muchas veces llega de improviso, ya ha llegado y es después que te estás dando cuenta. ¿Qué hace falta para que llegue el amor? Muchas cosas y ninguna. Es todo un conjunto de casuales casualidades que no son nada casuales. Ya ha llegado el amor, llama a la puerta, entra. El amor dice que es amor de verdad. Soy un amor de verdad, dice el amor. Te lo quedas mirando: sí, vale, anda pasa, esto ya dijiste la última vez. Quién es el amor de verdad. El amor de verdad es el que es verdadero. Quién valida la verdad. El tiempo. ¿Un segundo es suficiente para saber el tiempo que se convivirán dos personas? Sí, es suficiente, porque el primer segundo hace al segundo, el segundo hace el tercero, el tercero hace el cuarto… y así todos y cada uno de los segundos; por tanto cada ...

Si tiene que ser, será

He superado la mitad de una vida. Eso si llego a viejo y sobrepaso los 80 años. Qué quiero en adelante: Vivir, vivir, vivir. Cómo: bien bien bien. Cuándo: Ahora y ahora y ahora. No sé si más adelante viviré solo o acompañado, si tendré uno, dos, tres o cuatro amigos o amigas, si tendré canarios o perro o gatos; o si me meto a monje o me voy a las montañas del Himalaya, no lo sé, la verdad; y no es inquietante no saber lo que no sé, no es ninguna preocupación para mí, pero la verdad es que no sé si viviré solo o si viviré en compañía, no tengo la menor idea, no lo sé. En mi vida diaria, no me tomo nada en serio el asunto de la pareja; no lo hago; y dudo incluso si sé hacerlo, porque hace mucho que no vivo en pareja. En estos años de vida rural, vivo como un monje, que yo practico mi propia religión, mi propia fe y mi propia norma de vida; una de ellas, no entran mujeres a gobernar mi casa. O sea, no abro o despierto confianzas. Son tiempos para mí de vivirme...